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Las chucherías clásicas que más gustan

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Texturas de pura goma artificial, colores antinaturales salidos de Hora de Aventuras, azúcares para derretir una muela entera. Uno lee esto y podría perfectamente acojonarse, pero… ¡Anda ya! Las ves todas relucientes dentro de sus cajas de metacrilato y te rindes ante tanta guarrería. No te paran ni los acidulantes, ni los saborizantes, ni la conciencia humana, y te pillas lo más grande aún sabiendo que el sablazo va a ser de los buenos. Porque aunque estemos hablando del causante de tu futura diabetes eso se cobra a peso de caviar.

Después de hacer un sondeo en mi entorno he llegado a la conclusión de que estas son las chucherías clásicas que más gustan. Sé que no será del gusto de todos, pero podéis comentar y ponerme verde –que ya lo estoy– si queréis.

Las Moras

Las Moras aparecen en esta lista gracias a su semejanza con un fruto real –eso siempre gusta–, pero obviamente mejorado. Las hay en dos colores: rojas o negras y cada uno tiene su técnica al comerla. Mi preferida: chuparla hasta sacar las bolitas y disfrutar de la textura blanda de su interior al final. Y recuerda, no las busques en el bosque que no las vas a encontrar.

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Las Fresas de Nata

¡Qué color! Ese rojo vivo casi fluorescente no es de este planeta y la “nata” del interior es mucho mejor que la de pote del supermercado. La textura de esta chuche es de mucho nivel, dura y blanda a la vez, ni Ferran Adrià logra algo así con sus aparatejos. Te pones perdido al comerlas pero todos sabemos que al final te chupas los dedos y aquí no ha pasao ná.

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Las Nubes

Conocidas en otros países con el nombre de malvaviscos o marshmallows, esta golosina caída del cielo se puede tomar con acompañamiento –e aquí su grandeza–.  Rebozados con una fina capa de azúcar glas se pueden comer tostados, con chocolate caliente, café moca o helado. En La Donutería hacen unos caseros de vainilla que son brutales.

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Los Corazones

La golosina con un sabor que no posee ninguna otra. De colores apacibles y textura común, el corazón es ya un clásico. Seguro que de pequeño le habías regalado uno a alguien con tiernas intenciones, pillín.

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La Lengua

Su sabor ácido nos encanta y las puede comer de distintas maneras; enrolladas, a mordiscos, chupando de principio a fin o compartirla a lo dama y vagabundo. En una bolsa de chuches las lenguas son las que se acaban primero.

lengua

Las ilustraciones son obra de COWMOUSE
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